¿Qué medidas puede tomar el pregrado de Medicina para que un serumista se atreva a preguntar lo que no entiende?
INTRODUCCIÓN
Atilio Pérez es un médico recién graduado que atiende, en su segundo día de SERUMS en Asillo (Puno), a una madre cuyo hijo de un año tiene «el estómago volteado» y fiebre, y a quien ha dado «agüita de orégano» y «chaco». Sin embargo, él no comprende buena parte de lo que la madre le menciona, por lo que decide no hablar y así no parecer ignorante, además de que no consulta al personal de enfermería e interrumpe la consulta para llamar a su enamorada. Por ello, nos damos cuenta de que el problema no es solo léxico, sino que enmarca en sí una brecha de comunicación intercultural, que va aumentando por la imposibilidad de admitir que no se entiende, frente a un lactante con riesgo de deshidratación.
Este ensayo propone medidas preventivas para el pregrado de Medicina en el Perú, por lo que sostengo que integrar de forma obligatoria y transversal la interculturalidad, una lengua originaria básica, la comunicación clínica con humildad y la práctica comunitaria temprana reduciría el riesgo de que futuros serumistas disimulen su incomprensión.
DESARROLLO
El origen no es individual, sino formativo. Esto se hace ver en un estudio con serumistas de Junín, donde Reyes Solari terminó verificando que su preparación había sido sobre todo hospitalaria, donde se aspiraba a tratar patologías complejas, y que carecían de entrenamiento en atención primaria; es así como varios describieron que tuvieron un choque cultural al llegar a sus establecimientos, y una médica afirmó que solo conocía los centros de salud en la parte teórica, mas no en la práctica (1). Atilio encarna ese perfil: él aspira a ser cirujano plástico, pero terminó estando en Puno por el puntaje que obtuvo, así que podemos observar que un currículo que premia el saber técnico, pero no enseña a escuchar, convierte el preguntar en una dificultad para la imagen profesional.
La primera medida se basa en enseñar una lengua originaria con fines clínicos. Esto se hace ver en el 2016, cuando solo tres facultades de Medicina enseñaban lenguas originarias y únicamente en Cusco el curso era obligatorio; además, una carta al editor nos hace saber que, en un estudio con profesionales en SERUMS, el 55 % indicó, como una de sus principales dificultades, el desconocimiento del quechua (2). Así que podemos ver que no se trata de exigir fluidez, sino de ofrecer quechua o aimara básico, con el vocabulario de la anamnesis (vómito, deposición, sed,
fiebre) y el entrenamiento adecuado en el trabajo con intérpretes y facilitadores, ya que, ante la pluriculturalidad, se buscan mediadores que transmitan las ideas de salud y enfermedad (3). Por otro lado, un editorial de un serumista informó que la falta de idioma dificulta la relación médico-paciente y que, en su facultad, más de la mitad opta por Ayacucho, donde hasta el 90 % habla quechua (5).
La segunda medida se basaría en un curso transversal de interculturalidad en salud, que radicaría desde los primeros ciclos y no como electivo aislado, donde Salaverry sustenta que la interculturalidad no puede quedar al margen de la medicina, ya que debe estar presente en todo el sistema de salud, desde la formación del personal hasta las políticas públicas (4). El curso debería usar casos reales como el de Asillo, para que los estudiantes conozcan cómo la gente entiende la enfermedad, como, por ejemplo, los síndromes culturales andinos que Reyes Solari documenta, y así poder distinguir las prácticas inofensivas de las riesgosas sin despreciarlas (1). También se debe evitar tratar la cultura como simples costumbres o verla como una técnica que se aprende, ya que lo pertinente es la humildad cultural y preguntar al paciente cómo explica su propia enfermedad (1).
La tercera medida se trataría de evaluar la comunicación clínica como una competencia y no solo enseñarla. Esto se daría mediante pacientes simulados y estaciones de examen clínico estructurado, donde el estudiante practicaría preguntas abiertas, la reformulación y la verificación de lo aprendido, y así sería calificado por pedir aclaraciones cuando algo no entiende. Se premiaría así la conducta opuesta a la de Atilio, que sería reconocer la incertidumbre, pedir a la madre que explique sus remedios y consultar a enfermeras y técnicos, que conocen la lengua y el contexto. Por ejemplo, en un centro de salud de la selva, el personal técnico nativo explicaba los procedimientos a las familias en su propia lengua (1).
La cuarta medida se basaría en la práctica comunitaria supervisada y temprana en establecimientos de primer nivel rurales, con la convivencia junto a equipos locales, antes del internado. Es así como los serumistas entrevistados pedían que los docentes también fueran al campo y los acompañaran en estas experiencias (1). Por último, la quinta medida sería hacer una inducción previa al SERUMS, con la guía de profesionales que conozcan la zona; esta inducción abarcaría un tiempo de dos semanas con las direcciones regionales, enfocada en las metas de salud, y debería sumarse a la formación universitaria y no reemplazarla (1).
Esta propuesta sirve para que las facultades peruanas cuyos egresados harán el SERUMS en zonas quechuas o aimaras puedan funcionar adecuadamente con la ayuda de docentes bien capacitados, convenios con establecimientos de primer nivel y una evaluación real de estas competencias, teniendo en cuenta que en sí no lo resuelve todo, ya que Reyes Solari también habla de la falta de recursos y de consultas de unos veinticinco pacientes por turno, y eso no lo arregla ningún currículo (1).
CONCLUSIÓN
En resumen, en el caso de Atilio se muestra claramente que, si a los médicos solo se les enseña lo biomédico y hospitalario, y no a escuchar ni a reconocer cuando no entienden, terminan tomando decisiones con información equivocada o mal comprendida. De ahí se da a conocer que la prevención debe iniciarse en el pregrado, con medidas basadas en aprender lo básico de una lengua originaria, enfocado en la atención clínica; trabajar la interculturalidad en todos los cursos, a partir de casos reales; evaluar la comunicación con el paciente y dar buena nota a quien pide aclaraciones; hacer prácticas en la comunidad desde los primeros años, y dar una preparación previa antes de ir al SERUMS.
REFERENCIAS
Reyes Solari E. Allá es clínicamente así: saber llegar. De la formación a la práctica profesional médica. El Servicio Rural Urbano Marginal en Salud (SERUMS). Apuntes. 2011;38(69):55-80. Available from: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/3834813.pdf
Santos-Revilla G. Enseñanza de lenguas originarias en las facultades de medicina peruanas [carta]. Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2016;33(1):183-4. doi: 10.17843/rpmesp.2016.331.2021. Available from: https://www.redalyc.org/pdf/363/36344764029.pdf
Morales Guzmán-Barrón M, et al. Reflexiones y experiencias sobre la interculturalidad. Rev Peru Cienc Salud. 2022;4(2):109-10. doi: 10.37711/rpcs.2022.4.2.368. Available from: https://dialnet.unirioja.es/descarga/articulo/8581034.pdf
Salaverry O. Interculturalidad en salud: la nueva frontera de la medicina. Rev Peru Med Exp Salud Publica. 2010;27(1):80-93. Available from: https://scielosp.org/pdf/rpmesp/2010.v27n1/80-93/es
Alarco JJ. ¿Es necesaria la enseñanza de idioma quechua en nuestra facultad? [editorial]. Rev Méd Panacea. 2014;4(2):29-30. Available from: https://revistas.unica.edu.pe/index.php/panacea/article/download/168/161/661



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