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¿En qué y cómo mejorar la práctica de entrenamiento HIIT para combatir la obesidad, mediante la aplicación de un mejor estilo de comunicación para el cambio?

Benites Jair
hace 2 días
5 min de lectura

INTRODUCCIÓN


La obesidad infantil se ha convertido en un problema prioritario de salud pública en el Perú: 4 de cada 10 escolares entre 6 y 13 años presentan sobrepeso, y de no tomarse acciones se proyecta que más de un millón de niños y adolescentes vivirán con obesidad para el 2030 (1,2). Frente a ello, en el primer semestre del curso Estrategias de Aprendizaje en Educación Superior Universitaria, nuestro grupo ejecutó la intervención educativa comunitaria “Realizamos entrenamiento HIIT para combatir la obesidad en niños de 5to grado de primaria de la IEP Leonardo Da Vinci”, enfocada en prevenir la obesidad mediante cinco sesiones de entrenamiento interválico de alta intensidad bajo la metodología de Aprendizaje-Servicio.


Los resultados, comparando la línea de base y la línea de salida, fueron notorios: el reconocimiento de qué es el HIIT pasó de un 6,2% a un 100%, y la comprensión de sus beneficios metabólicos alcanzó también el 100%. Sin embargo, al revisar con detenimiento las guías de facilitador y los testimonios de nuestro propio equipo, aparece una limitación que suele acompañar a este tipo de programas: pusimos el énfasis en transmitir información correcta y comprobar que los niños la memorizaran, más que en construir una motivación propia y sostenible para mantener el hábito dentro y fuera del aula.


La Comunicación para el Cambio Social y de Comportamiento (CCSC) y la Entrevista Motivacional (EM) plantean que la información correcta, por sí sola, no basta para sostener un cambio de comportamiento: el conocimiento puede aumentar sin que eso implique que el niño incorpore el hábito de forma autónoma, sobre todo cuando el entorno familiar no está involucrado (3,4). Se requiere pasar de un modelo centrado en enseñar y evaluar a uno que evoque la motivación propia de los niños y a la vez comprometa a la familia como sostén del cambio. Por ello, sostengo la tesis de que debemos pasar de un modelo de enseñanza a uno motivacional. Analizaré esto bajo la CCSC y la EM, con una implicancia vital de lograr que mantengan el hábito en casa.


DESARROLLO


Esta tesis es válida en el contexto específico de las intervenciones educativas escolares dirigidas a la prevención de la obesidad infantil. Durante las cinco sesiones, nuestro grupo diseñó dinámicas lúdicas como sketches, juegos de rol y circuitos temáticos que hicieron mucho más atractivo el aprendizaje del HIIT frente a una clase tradicional [5]. Sin embargo, la estructura de fondo seguía el modelo de déficit: se presentaba el mito, se corregía con la información correcta y se medía el aprendizaje logrado con una encuesta de opción múltiple. Nuestra propia evaluación de resultados solo registró datos comprobables, tales como qué es el HIIT, de dónde sale la energía y qué es la obesidad, sin ningún indicador de si los niños quedaban más motivados a mantenerse activos o si replicaban lo aprendido en casa.


Los propios testimonios del equipo confirman esto. Una de mis compañeras notó que el interés de los niños dejó de depender de los premios recién conforme avanzaban las sesiones, lo que indica que al inicio ese interés dependía de un incentivo externo: los premios saludables, los stickers, los certificados y no de una razón propia para hacer ejercicio. Ahí es donde la Entrevista Motivacional (EM) ofrece algo distinto: en vez de motivar desde afuera con premios, se trata de evocar la razón personal de cada niño para cuidar su cuerpo, preguntando, por ejemplo, qué le gusta hacer que lo haga sentir con energía, antes de explicarle qué es el HIIT [3].


Otro punto que se puede fortalecer es la ausencia casi total de la familia en el diseño de la intervención. Las guías de facilitador solo piden a los niños, en la retroalimentación final de cada sesión, que compartan con sus padres lo aprendido, pero no existe ningún mecanismo estructurado que involucre a la familia como aliada del cambio. La Comunicación para el Cambio Social y de Comportamiento (CCSC) señala que sostener un hábito en la niñez depende en gran medida del entorno familiar y no únicamente del niño [4]. Sin ese acompañamiento en casa, es probable que gran parte del entusiasmo logrado en el aula se diluya apenas termine el programa.


Con esto en mente, las modificaciones concretas que aplicaríamos si repitiéramos la intervención serían: reestructurar las guías de facilitador incorporando micro habilidades como preguntas abiertas y escucha reflexiva antes de cada explicación —la secuencia Preguntar/Informar/Preguntar, en vez de solo Informar— [3, 4]; reducir el peso de los premios materiales y sustituirlos progresivamente por preguntas que ayuden a cada niño a nombrar su propia razón para mantenerse activo; incorporar un “pasaporte familiar” donde el niño realice al menos un circuito HIIT en casa junto a un familiar, con su firma como evidencia de acompañamiento; y añadir, junto a la encuesta de conocimientos, una pregunta breve sobre motivación o disposición a seguir haciendo ejercicio, para no medir solo lo que los niños saben sino también lo que sienten hacia el hábito.


CONCLUSIÓN


En resumen, este ensayo analizó la necesidad de integrar un enfoque motivacional y familiar para asegurar el éxito a largo plazo de nuestra intervención contra la obesidad infantil. El diseño metodológico de nuestra intervención, el uso de Aprendizaje-Servicio, los circuitos temáticos y las dinámicas lúdicas ya eran sólidos y estaban respaldados por evidencia sobre la eficacia del HIIT en población infantil (1,5). Lo que se puede fortalecer no es el contenido, sino el lugar desde el cual comunicamos: pasar de enseñar y evaluar conocimiento, a evocar la motivación propia de cada niño y sostenerla con la familia como aliada, tal como proponen la Comunicación para el Cambio Social y de Comportamiento y la Entrevista Motivacional (3,4). Ese cambio de enfoque es, probablemente, lo que decidiría si el hábito del HIIT sigue vivo en casa de los niños meses después de terminado el programa, o si queda solo como un buen recuerdo de cinco sesiones en el colegio.



REFERENCIAS


  1. Organización Mundial de la Salud. Directrices de la OMS sobre actividad física y hábitos sedentarios [Internet]. Ginebra: OMS; 2020 [citado 27 sep 2026]. Disponible en: https://www.who.int/es/publications/i/item/9789240014886


  2. UNICEF Perú. El índice mundial de obesidad supera por primera vez al del bajo peso entre los niños y niñas en edad escolar y los adolescentes [Internet]. Lima: UNICEF; 2025 [citado 27 sep 2026]. Disponible en: https://www.unicef.org/peru/comunicados-prensa/el-índice-mundial-de-obesidad-supera-por-primera-vez-al-del-bajo-peso


  3. Miller WR, Rollnick S. La entrevista motivacional: ayudar a las personas a cambiar [Internet]. 3.ª ed. Asensio Fernández M, traductora. Barcelona: Paidós; 2015 [citado 27 sep 2026]. Disponible en: https://prststorage.blob.core.windows.net/library/8294e2ad-ad4a-4e61-8416-7e9541ae99c7.pdf


  4. Catholic Relief Services (CRS). Guía para el cambio social y de comportamiento de CRS [Internet]. Baltimore: CRS; 2023 [citado 27 sep 2026]. Disponible en: https://www.crs.org/sites/default/files/202505/CRS_SBC_GUIDE_Spanish_Interactivo_Final051325.pdf


  5. Organización Panamericana de la Salud. Enfermedades no transmisibles [Internet]. Washington, D.C.: OPS; 2026 [citado 27 sep 2026]. Disponible en: https://www.paho.org/es/temas/enfermedades-no-transmisibles


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