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¿Se aprende a cuidar o se cuida para aprender?

Gabriel Abarca
9 sept
5 min de lectura

Actualizado: 3 oct

El hogar como escenario donde cuidar y aprender se convierten en una misma experiencia formativa




Antes de ingresar a la universidad imaginaba que mi aprendizaje sería exclusivamente en las aulas, así como fui acostumbrado en el colegio. Serían muchas clases teóricas en donde aprendería muchos temas complicados como anatomía, parasitología, histología o farmacología, prácticas de laboratorio y ensayos con muestras inertes o muñecos de plástico. Luego aplicaría todo eso en un hospital durante el internado, tras más de cinco años de formación, como preparación para ejercer mi profesión el resto de mi vida. Pero este primer ciclo y los estudios generales me han mostrado que estaba equivocado. No imaginaba que apenas empezando la carrera ya podría tener un impacto positivo en mi comunidad o incluso en mi propia familia. ¿Quién hubiera pensado que mi hogar podría convertirse también en un espacio donde aprendería a ser un mejor profesional?

En casa, mis dos abuelos son pacientes de hipertensión desde que tengo memoria, además de padecer otras enfermedades no transmisibles como diabetes, en el caso de mi abuela. Al ser enfermedades crónicas, estas requieren un cuidado constante por parte de la familia y tener hábitos saludables ya formados que mejoren la calidad de su vida. Por eso es que desarrollé una intervención educativa con mi abuelo para mejorar el cumplimiento de la toma de su medicación, y en este ensayo analizaré la importancia de que los estudiantes de ciencias de la salud asuman un rol activo en la promoción de la adherencia al tratamiento de sus propios familiares, defendiendo la tesis de que no es una distracción de su formación, sino una experiencia formativa inigualable que fortalece competencias esenciales para su futura práctica profesional, como la comunicación, la educación para la salud, la empatía y la comprensión del contexto real del paciente. Para esto revisaré evidencias de intervenciones estudiantiles en otros escenarios (comunidad, escuela, sistema de salud) para luego trasladar esa lógica al entorno familiar.

Las intervenciones educativas pueden ser dirigidas a todo público y buscan formar prácticas clave en el público objetivo que les permitan mejorar su calidad de vida. Cuando estas son dirigidas por estudiantes que asumen el rol de educadores activamente en un escenario real, interactuando con personas reales de su propia comunidad y buscando causar una mejora real, se genera un beneficio dual. Es dual porque se produce en ambos agentes, la comunidad gana en autocuidado y confianza mientras que el estudiante gana en empatía y comprensión de poblaciones vulnerables (1). Este beneficio dual sería la base para justificar que estudiantes, incluso desde primer año, participen activamente en su comunidad y aprendan mientras cuidan de ella.

Este beneficio dual ya ha sido observado y adaptado al currículo en escuelas de Francia, en donde recibe el nombre de "servicio sanitario". Es una práctica interdisciplinaria que fomenta el trabajo cooperativo y abarca distintos temas de prevención. Los estudiantes diseñaron y ejecutaron sesiones sobre el uso de pantallas, nutrición o calidad del sueño (2). Este modelo de aprendizaje resulta creativo, factible y, sobre todo, necesario. Su aplicación en la formación profesional logra desarrollar competencias en habilidades blandas y en la aplicación de su conocimiento a un contexto real, no solo en los casos clínicos mencionados en los libros.

La promoción de la salud por parte de los estudiantes resulta útil debido a la importancia de estas competencias que no se logran desarrollar de forma teórica. Inicialmente, estudiantes de ciencias de la salud en París se sentían insuficientemente preparados: elaborar sesiones de aprendizaje y talleres de concienciación para prevención de adicciones era una tarea difícil que la gran mayoría valoró al final de las intervenciones. Ellos mismos manifestaron que estas actividades les ayudaban a mejorar habilidades que antes no veían como parte de su formación (3). El programa resultó ser un éxito e incentivó a futuros médicos a considerar la prevención como una parte integral de su práctica profesional futura, ya que uno siempre debe aspirar a nunca dejar de aprender.

Esto refuerza el argumento del beneficio dual: los estudiantes lograron sobreponerse a la inexperiencia inicial y sintieron la contribución a su formación profesional.

Si estos beneficios duales son tan evidentes en escenarios de estudiantes educando en su comunidad (1, 3) o escuela (2), el hogar constituiría un escenario aún más propicio debido a la proximidad afectiva, la confianza que ya existe entre los integrantes y el hecho de compartir un espacio común, algo indispensable para la adherencia al tratamiento de una enfermedad crónica, la cual exige el sostenimiento de las prácticas a lo largo de los años y no solo una intervención puntual.

Esta experiencia educativa que se produce gracias al beneficio dual requiere estudiantes activos, los cuales busquen informarse adecuadamente para cada sesión y que actúen como orientadores o acompañantes en el camino de la formación de prácticas clave por parte de sus familiares. No se trata de volcar mucho conocimiento, se debe usar solo la cantidad necesaria y siempre reforzando la conducta que se quiere lograr. Se debe adaptar el lenguaje dependiendo del público objetivo y se deben usar los recursos didácticos necesarios que permitan comunicar mejor el mensaje que se desea transmitir.

A lo largo de este ensayo se ha argumentado que las intervenciones educativas realizadas por estudiantes de ciencias de la salud no solo benefician a las personas que las reciben, sino que también enriquecen profundamente la formación de quien las lleva a cabo. La evidencia presentada muestra que asumir un rol activo en la promoción de la salud fortalece competencias como la comunicación, la empatía y la capacidad de adaptar el conocimiento a situaciones reales. Entonces, ¿se aprende a cuidar o se cuida para aprender? La respuesta es que ambas experiencias ocurren al mismo tiempo. Cada esfuerzo por ayudar a un familiar a comprender su tratamiento también representa una oportunidad para convertirse en un mejor profesional. El hogar deja de ser únicamente el lugar donde se vive para convertirse en el primer escenario donde se ejerce el compromiso con la salud de los demás. Si desde los primeros años de formación se aprende a cuidar con responsabilidad y sensibilidad, se llegará a la práctica profesional no solo con más conocimientos, sino también con una comprensión más humana de lo que realmente significa cuidar.


BIBLIOGRAFÍA:

1. Raza AA, Patel P, Hilo SS, Smith MO, Jacobs G. Community-Driven Health Education: Role of Health Literacy Seminars in Empowering Underserved Populations and Medical Students. Cureus. 8 de abril de 2026;18(4):e106644. doi: 10.7759/cureus.106644.

2. Kuenemann M, Gaillet M, Shankland R, Fournier J, Boussat B, François P. Healthcare students’ prevention training in a sanitary service: analysis of health education interventions in schools of the Grenoble academy. BMC Med Educ. 2 de mayo de 2023;23(302). doi: 10.1186/s12909-023-04235-y.

3. Le Roux E, Mari Muro M, Mognon K, Saïd M, Caillavet V, Matheron S, et al. A governmental program to encourage medical students to deliver primary prevention: experiment and evaluation in a French faculty of medicine. BMC Med Educ. 13 de enero de 2021;21(47). doi: 10.1186/s12909-020-02472-z.

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