¿Por qué la formación en salud debe empezar en el hogar ante las enfermedades crónicas?
INTRODUCCIÓN
Las enfermedades crónicas no transmisibles (ECNT), como la diabetes mellitus tipo 2, constituyen una de las mayores crisis de salud pública del Perú. Su manejo es complejo porque no depende solo de la receta farmacológica, sino de un cambio sostenido en el estilo de vida del paciente. Por ello cabe preguntarse: ¿qué asegura que el paciente no abandone su tratamiento? Durante años, los sistemas de salud han concentrado esta responsabilidad en la consulta clínica; sin embargo, la evidencia indica que el entorno cotidiano pesa tanto o más. Davis-Carrillo et al., al estudiar los determinantes sociales del control de la diabetes tipo 2, muestran que la familia es un eje social y un entorno protector que influye directamente en las conductas de autocuidado de los miembros afectados de su hogar [1].
Desde esta perspectiva, este ensayo sostiene que los estudiantes de ciencias de la salud deben participar activamente en la promoción de la adherencia al tratamiento de sus propios familiares, mediante la metodología de aprendizaje-servicio. Para sustentarlo, se analizan tres aspectos: el conocimiento sobre la enfermedad como condición de la adherencia, el soporte familiar como canal de apoyo informativo y afectivo, y el hogar como primer espacio de práctica del estudiante. La pregunta del título tiene, además, una implicancia formativa: si la formación en salud empieza en casa, el aprendizaje universitario deja de ser solo teórico y adquiere un sentido social.
DESARROLLO
El primer aspecto es el conocimiento. Farías-Vílchez y Bardales-Ruíz, en un estudio realizado en un hospital de Piura, identificaron que la falta de conocimientos sobre la diabetes mellitus tipo 2 se vincula con una adherencia terapéutica deficiente [2]. Si el desconocimiento debilita el tratamiento, quien explique la enfermedad en términos comprensibles contribuye directamente a sostenerlo. Aquí la intervención educativa familiar adquiere sentido: el estudiante de salud, al ser pariente del paciente, comparte con él un lazo afectivo que reduce la barrera, muchas veces percibida como distante o incluso hostil, entre médico y paciente. De este modo, el frío entorno del consultorio se reemplaza por un ambiente de confianza mutua, y la educación y el control de la salud se convierten en dinámicas sencillas y significativas.
Una vez que el paciente comprende su enfermedad, el siguiente factor es el soporte cotidiano. Una investigación institucional sobre apoyo familiar y adherencia, realizada en el servicio de endocrinología de un hospital regional del Cusco, indica que los entornos interactivos centrados en un régimen nutricional saludable, como la preparación de alimentos balanceados e infusiones naturales, permiten que la familia actúe como un pilar de soporte, tanto informativo como afectivo [3]. En este punto el aporte del estudiante es concreto: puede llevar sus conocimientos teóricos a la práctica, monitorear de manera constante a su familiar y ayudarle a reducir los errores que cometa a lo largo del día. Esta supervisión activa en el hogar contribuiría, además, a prevenir complicaciones y a disminuir la necesidad de hospitalizaciones recurrentes.
Sin embargo, apoyar no equivale a sustituir. Cahuina señala que la familia cumple una función directa en el cumplimiento terapéutico y en el control metabólico óptimo del paciente [4]; por ello, el entorno familiar puede favorecer o perjudicar el tratamiento, y lo que se busca es un cambio de conductas hacia prácticas saludables. Un estudio sobre factores asociados realizado en el Hospital Santa María del Socorro de Ica añade un matiz: aunque el entorno familiar cumple un rol importante, la constancia del tratamiento requiere un equilibrio entre la responsabilidad del paciente y el soporte de la familia, que no debe convertirse en un motor de dependencia [5]. En consecuencia, el estudiante de salud debe actuar como facilitador que promueva la autonomía del paciente a partir de su propia capacidad de autocuidado.
Este razonamiento conduce al valor formativo de la propuesta. La formación universitaria en salud suele pecar de un enfoque meramente teórico; el aprendizaje-servicio, aplicado en el entorno familiar, convierte el hogar en el primer espacio de práctica. Allí el estudiante debe decidir cómo implementar sus saberes, cómo evaluar sus intervenciones y cómo explicarlas con un lenguaje sencillo y fácil de retener. Esta experiencia afianza los conocimientos teóricos, fortalece el vínculo de confianza familiar y potencia la comunicación asertiva y la empatía, valores que a veces se pierden en la educación universitaria y que se consolidan en el cuidado familiar cotidiano. El aprendizaje-servicio cumple así una doble función: el estudiante devuelve a su familia lo aprendido en clase y, al mismo tiempo, integra sus aprendizajes con un alto sentido de responsabilidad social.
Esta tesis es válida dentro de un contexto delimitado: el acompañamiento cotidiano de familiares con ECNT en tareas como comprender la enfermedad, mejorar la alimentación, recordar la medicación y mantener una comunicación empática. No lo es para decisiones clínicas, como diagnosticar, modificar dosis o reemplazar el control médico, que corresponden al personal de salud tratante. Reconocer este límite no debilita el argumento, sino que lo fortalece, pues la intervención familiar complementa la atención profesional y no la sustituye.
CONCLUSIÓN
En síntesis, este ensayo sostuvo que los estudiantes de ciencias de la salud deben participar activamente en la adherencia al tratamiento de sus familiares con enfermedades crónicas, porque el conocimiento, el soporte familiar y la autonomía del paciente se trabajan de manera eficaz en el hogar. De ello se derivan tres conclusiones. Primera, la intervención educativa familiar realizada por estudiantes universitarios favorece la adherencia: al formar parte del soporte del paciente, el estudiante se convierte en un motor para afianzar conductas saludables en su familiar. Segunda, la metodología de aprendizaje-servicio consolida la formación en ciencias de la salud, pues permite poner en práctica los conocimientos teóricos mediante la comunicación, las habilidades blandas y la planificación. Tercera, esa intervención debe acompañar sin reemplazar, promoviendo la autonomía del paciente y respetando el rol del profesional tratante. Respondiendo a la pregunta inicial, la formación en salud debe empezar en el hogar porque allí se sostienen o se pierden, día a día, los tratamientos crónicos.
REFERENCIAS
Davis-Carrillo WJ, Alburqueque-Dávila AJ, Quito-Esteves AC. Control en salud y determinantes sociales en diabetes tipo 2. Cienciamatria. 2024;10(19). Disponible en: https://www.cienciamatriarevista.org.ve/index.php/cm/article/view/1351/2242
Farías-Vílchez BA, Bardales-Ruíz D. Conocimientos sobre diabetes mellitus tipo 2 y adherencia al tratamiento en pacientes del hospital Reátegui, Piura, Perú. Acta Med Peru. 2021;38(1):34-41. Disponible en: https://amp.cmp.org.pe/index.php/AMP/article/view/1119/1261
Apoyo familiar y adherencia al tratamiento en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 en el servicio de endocrinología del Hospital Regional, Cusco 2023. Cusco: Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco; 2023. Disponible en: https://repositorio.unsaac.edu.pe/handle/20.500.12918/9430
Cahuina Lope PL. Asociación entre funcionalidad y red de apoyo familiar en el control glicémico de pacientes diabéticos tipo 2, atendidos en el Programa de Enfermedades No Trasmisibles. Hospital III EsSalud-Grau - 2014. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos; 2015. Disponible en: https://cybertesis.unmsm.edu.pe/backend/api/core/bitstreams/55cd4c1b-d20d-4a08-8d7e-33a07979b79d/content
Factores asociados a la adherencia al tratamiento en pacientes con diabetes mellitus tipo 2 atendidos en el Hospital Santa María del Socorro, Ica, 2026. Rev Méd Panacea. 2026. Disponible en: https://revistas.unica.edu.pe/index.php/panacea/article/view/695/1142



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